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Cáncer de cervix a los 30 años: experiencia personal

Soy Raquel tengo 33 años y quiero contar mi experiencia con el cáncer de cérvix, desde el diagnóstico hasta la recuperación.


Tenía 32 años, me dedicaba a la hostelería. Sentía un dolor muy fuerte en la espalda, tan fuerte que me dieron la baja laboral. Todo parecía que era un pinzamiento. Me hicieron varias pruebas, entre ellas de orina, e incluso una citología. En esta última prueba vieron que mi sangrado no era normal pero no le dieron la importancia que merecía. Ahí, también aproveché para comentar que cuando tenía relaciones sexuales solía sangrar, pero no le dieron mucha importancia en ese momento.


Unas semanas después, en junio de 2019, tuve que ir a urgencias porque el dolor era mayor. Al comienzo me dijeron que era estreñimiento. A los dos días nuevamente acudí a urgencias por el mismo dolor y comenzaron a hacerme pruebas: eco, tac, análisis, …Yo no entendía qué podía estar pasando. Mi dolor era de espalda y me pasaron al área de ginecología.

Una vez en consulta, subida en la camilla, con varios médicos mirándome, me acabaron diciendo que tenía cáncer de útero.

Sin anestesia, sin prepararme emocionalmente. Mi mundo se vino abajo.


Ese día me quedé ingresada y me informaron de cómo sería mi tratamiento: 6 sesiones de quimioterapia, 30 de radioterapia y 4 de braquiterapia.

Fue duro, no lo voy a negar. Pero lo afronté. Decidí seguir sonriendo y que aquello no podría conmigo ni con mi carácter ni ilusión de vivir.


Una vez terminado el tratamiento, me dieron el diagnóstico: todo había salido bien. Sin embargo, en una de las revisiones a los pocos meses, en el pec tac vieron que había una inflamación. Volvieron a hacerme la misma prueba a los 3 meses y la inflamación seguía por lo que decidieron hacerme biopsia: Había reactivación de células cancerígenas.


La única opción que me dieron fue la histerectomía radical, que supone extraer útero, cuello uterino, parte superior de la vagina y ligamentos y tejidos a su alrededor.

Mi primera reacción fue negarme, pero al final me dí cuenta de que era la única opción posible. Me operaron el 5 de noviembre de 2020.


Tu vida cambia en ese momento. Yo me sentí menos mujer, con menor valía. Además, a mi situación se unía que no tenía trabajo y que mi prestación por desempleo se agotaba. Sin posibilidades de buscar trabajo por la pandemia y por estar en tratamiento, los sentimientos negativos crecían. Realmente me sentía desamparada e indefensa por todos lados. Tuve que trabajar duro a nivel emocional para darme cuenta de que yo valgo más que las circunstancias que me han tocado vivir.


Las mujeres que pasamos por este tipo de cáncer tenemos que asumir que no podemos ser mamás por la vía natural. La radioterapia quema nuestro útero y afecta a nuestros ovarios por lo que la gestación es prácticamente imposible. En mi caso, con la histerectomía radical era imposible. Existen otras opciones como la adopción o la gestación subrogada, pero no es fácil ni económico.

A veces siento frustración por lo que he vivido, ¿por qué a mí? ¿Por qué he tenido cáncer? ¿No he tenido suficiente con el cáncer que también debo renunciar a tener hijos?


Ahora me enfrento a un montón de médicos y pruebas cada dos por tres para vigilar que no se desarrolle el cáncer o no se produzca ninguna complicación.

Es un estado de alarma constante, miedo, angustia, frustración y preocupación que no acaban y que agotan física y emocionalmente.

A día de hoy no veo posible que esos sentimientos puedan desaparecer algún día, sobre todo días previos a las pruebas.


Durante todo el proceso tuve el apoyo de mi familia y mi pareja. En cuanto a la pareja, no ha sido fácil para ninguno de los dos, pero en todo momento he sentido su apoyo para no dejarme caer. Nuestra relación ha cambiado. No nos enfrentamos a los problemas o inconvenientes de la misma manera que antes y valoramos otras cosas. El tema de los hijos es algo que aún nos afecta ya que deseábamos ser padres algún día pero ahora solo puedo pensar en recuperarme del todo. Quizás más adelante haya otras opciones.


Una vez que ha pasado todo, me siento más fuerte, aunque a veces me permita sentirme triste. Físicamente tengo un dolor en el coxis que me incomoda bastante, pero estoy buscando la solución para aliviarlo.


Si tuviera que cambiar algo, pediría a los médicos que tuvieran más tacto y humanidad a la hora de dar un diagnostico de este tipo, tener algo de psicología para preparar al paciente al menos unos minutos antes. Y durante el tratamiento, lo que eché en falta fue consejos (uso de cremas, geles, …) e información de posibles consecuencias del tratamiento como las que estoy teniendo.

¡Esta es mi historia o así la he vivido! Espero que pueda ayudar a alguien que esté pasando por un momento similar.


¡Demos más importancia a la investigación para prevenir y poder ofrecer un tratamiento más adecuado a cada paciente!





Raquel Godoy


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